Imaginar un mundo prodigioso

Ángel Gomera: angelgomera@gmail.com

La visión de alcanzar un mundo mejor puede considerarse una imaginación utópica y hasta verse con cierto escepticismo u osadía poder manifestarlo o proponerlo en este tiempo, debido a tantos episodios negros que se viven a diario y que desdicen el sentido de humanidad. Sucesos estos, cuya progresividad infunden incertidumbre, pesimismo y confusión en el género humano.

Vemos pues, cómo se expande peligrosamente nubes de odio, divisiones, egoísmo en la tierra. Asimismo, se puede observar la generación mal intencionada de crisis sociales, económicas y políticas, migración forzada, guerras, terrorismo, trata de personas, violencia, narcotráfico, entre otras crudas realidades. Y todos estos desaciertos y vilezas incentivan a que se pregone por doquier vaticinios de que nos encontramos en una ruta crítica hacia el abismo o una hecatombe global.

Por lo tanto, ante esos augurios catastróficos, hace falta en los momentos actuales soñar, imaginar, anhelar, trabajar una humanidad idílica, perfecta y justa, en la que las personas vivan en paz y armonía.

Hace falta cantar junto a Louis Armstrong, la composición: ¡qué mundo maravilloso!; o entonar al unísono con el maestro Rafael Solano, la canción: ¨por amor¨; o imaginar junto John Lennon, una sociedad sin desigualdades ni dominaciones en particular que dieran lugar a conflictos; o simplemente entender y aplicar el mensaje de la canción: ¡nosotros somos el mundo!

Entender que las diferentes crisis que vivimos ofrecen oportunidades para liberarnos de los yugos ideológicos, absurdos y actitudes perniciosas; como también imaginar y crear sin ataduras un mundo muy diferente. Cambiar el mundo, es una aspiración y un sentimiento común de todos los seres humanos de buena fe.

Dado lo anterior, se hace oportuno reflexionar sobre lo que dice el escritor Mario Benedetti que: “Cuando teníamos las respuestas nos cambiaron las preguntas”. Por lo tanto, en este análisis se impone que nos hagamos algunas preguntas de las tantas, pero sobre todo de aquellas preguntas que nos saquen de la zona de confort: ¿cómo cambiar el mundo? ¿Qué se necesita hacer para detener ese proceso de desfonde? ¿Qué puedo imaginar para un mundo mejor? ¿Qué puedo hacer para lograrlo? ¿Por dónde empiezo?

Respuestas pesimistas surgirán en ese orden, ya que se ve como algo imposible de lograr. Hay muchos que motivaran a que ni se piense en eso, ni mucho menos se intente ya que es perder el tiempo. En ese sentido plantea el psicólogo William James que ̈ Si estás lo suficientemente preocupado por un resultado, posiblemente harás algo para solucionarlo ̈.

Comprender que ser indiferentes ante los problemas, no hará que desaparezcan. Tampoco procrastinar las respuestas que debemos brindar contribuye al cambio; al respecto Pío XI dijo que: ¨el problema mayor de nuestro tiempo no son las fuerzas negativas, es la somnolencia de los buenos¨.

Para forjar un mundo prodigioso, podemos empezar haciendo cosas o gestos pequeños. Aquí debemos cuidarnos de la actitud extrema y perfeccionista de que por no lograr el todo, entonces no podemos hacer nada.  Los grandes cambios se consiguen con cambios pequeños, en nosotros mismos y nuestros ambientes.

Es necesario asimilar que nuestros actos si importan y son valiosos para cambiar el mundo. Estar claros, que hay dos caminos a tomar desde el gran horizonte de la voluntad, ser parte de la solución o ser legionarios de los problemas. Aristóteles, considera «más valiente al que conquista sus deseos, que al que conquista a sus enemigos, ya que la victoria más dura es la victoria sobre uno mismo».

En consecuencia, como dijo Mahatma Gandhi ̈Sé el cambio que quieres ver en el mundo ̈, empecemos sentándose en familia alrededor de la mesa como brotes de olivo, como hace tiempo no se produce, sin las molestias de dispositivos tecnológicos. Y así con nuestra presencia primaveral, reverdecer aquellas llanuras en el hogar, las cuales se encontraban marchitas por tantas ausencias desequilibradas.

Imaginar un mundo prodigioso es utilizar el diálogo en tu matrimonio como resistencia a aquellos pleitos ruidosos que solo entretienen a los vecinos y llenan de un universo de ansiedades a los hijos. Es mirarle a los ojos a tu pareja y redescubrir el color intenso del amor que profesan esas pupilas. Es bailar un bolero romántico bajo la expectación jubilosa de las estrellas. Es llevar una cucharadita de comida a la boca de tu amado o amada, alimentando un amor que permanecerá más allá de las vicisitudes.

Es un espacio para recuperar aquellos detalles que se han perdido en la relación, los cuales producen la magia de enamorarnos sin cansancio. Es encauzarnos en la senda de que amar es una decisión, y que para demostrarlo no se necesita de maltratos físicos ni psicológicos, ni tampoco palabras groseras; más bien esperar de ti, un beso dulce que sane lo amargo, un abrazo que cubra de cualquier ola de frío intenso, una palabra romántica que se acomode en el oído y refresque el corazón, un te amo que fortalezca un amor para toda la vida.

Imaginar un mundo mejor es dejar atrás la tendencia relativista de abandonar o desechar a los adultos mayores o ancianos, por creerles débiles o cargas; y retomar desde ya, el valor que representan para nuestras familias, construyendo con ellos alianzas de amor, que posibilite el aprovechar sus experiencias y dimensionar el gran valor humano que encarnan para el mundo. Es reconocer que bisoño eres y en viejo te convertirás; que lo que siembres como hoy como joven, mañana lo cosecharás como anciano.

Es una oportunidad de aprender de los errores cometidos; tratando de no repetirlos, haciendo uso del bálsamo del perdón que cura cualquier herida o resentimiento, que te ayuda a sacar piedras de la mochila pesada que se encuentra en la espalda de tus recuerdos, para así aligerar el caminar de tu existencia, transfigurar tu ser y empezar de nuevo.

Es ser ejemplo en el gran océano de la vida, sin recurrir a lo escandaloso, ni mucho menos dañar para crecer o alcanzar ese éxito que no resulta como tal; ya que el éxito no justifica el naufragio o fracaso de los que están a tu lado, ni tampoco es aportar oscuridad a un mundo necesitado de luz.

En definitiva, soñar un mundo maravilloso es dejar respirar el planeta tierra para que no sucumba ante una ambición vil y sin corazón que lo asfixia con un calentamiento global sin límites y un maltrato tan desconsiderado. Es sanar de las heridas al medio ambiente y recursos naturales para que la vida no se detenga.  Es reconocer que la dignidad humana está por encima de los intereses codiciosos. Es saber que obtener más conocimiento es tener más humildad y este debe estar al servicio de la humanidad.

Es pensar en el bien común a pesar de los sacrificios personales que conlleva. Se trata de despertar en nuestro ser, todo lo bueno que habita para ofrecerlo por aquellos que les falta todo y luchan por sobrevivir día a día. Es pasar de la diplomacia de las buenas intenciones a respuestas más transparentes, justas y reales.

Imaginar un mundo prodigioso es volver a sonreír con libertad. La esperanza de construir un mejor mañana no muere. En palabras de Mario Benedetti:”No te rindas, por favor no cedas, aunque el frío queme, aunque el miedo muerda, aunque el sol se esconda y se calle el viento, aún hay fuego en tu alma, aún hay vida en tus sueños”.

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