Pbro. Felipe de Jesús Colón Padilla (Párroco de la Parroquia Jesús Maestro)
Pbro. Felipe de Jesús Colón Padilla

La Jornada Mundial de la Paz, iniciada por san Paolo VI, en el 1968, sus primeras palabras de motivación para establecerla fueron: “Nos dirigimos a todos los hombres de buena voluntad para exhortarlos a celebrar «El Día de la Paz» en todo el mundo, el primer día del año civil, 1 de enero de 1968. Sería nuestro deseo que después, cada año, esta celebración se repitiese como presagio y como promesa, al principio del calendario que mide y describe el camino de la vida en el tiempo, de que sea la Paz con su justo y benéfico equilibrio la que domine el desarrollo de la historia futura”. En el trasfondo estaba la guerra de Vietnam y el llamamiento a un alto al fuego en el conflicto que se prolongaba desde el año de 1955. Les presento, a mis amables lectores un resumen del mensaje del Romano Pontífice León XIV.
La paz sea con todos vosotros: Hacia una paz «desarmada y desarmante», nos invita a rechazar la lógica de la violencia y la guerra, y a abrazar una paz auténtica basada en el amor y la justicia. El Papa León XIV aboga por una paz que no dependa de las armas, sino que desarme la violencia interna y transforme las relaciones. Esta paz —dice el Papa León— debe ser desarmada, por cuanto no se afirma en el miedo, las amenazas ni las armas. Y debe ser desarmante, capaz de transformar los conflictos desde el corazón y la creación de un ambiente de confianza mutua y esperanza. “No basta con pedir la paz; debemos encarnarla en un estilo de vida que rechace toda forma de violencia, ya sea visible o sistémica.”
La no violencia es un valor fundamental del Evangelio, en el que Jesús combinó un rechazo inequívoco a la violencia con el poder del amor en acción, por la justicia, la verdad y la paz. En esencia, la no violencia evangélica está firmemente arraigada en valores como la compasión, la empatía y el respeto por la dignidad inherente a todos los seres humanos. Esta paz desarmada se construye de varias maneras:
Mediante el diálogo y la diplomacia: El Papa León XIII se refiere al diálogo y la reciprocidad. Entendemos la mediación, la diplomacia y el derecho internacional como caminos hacia la paz.
A través de la incidencia por el desarme: Refiriéndose a San Juan XXIII, quien promovió por primera vez el desarme integral, el Papa llama a un cambio profundo que abarque la mente y la vida, promoviendo la humildad evangélica. Podemos actuar por el Desarme y la seguridad humana integral, creando conciencia y abogando contra la proliferación de armas nucleares y ligeras.
A través del cambio transformador y perseverante: Como constructores de paz, identificamos cuatro dimensiones del cambio:
Cambio Personal: se refiere a la conversión de los corazones, de optar por el desarme, incluso de pensamientos y palabras frente a una violencia estructural, psicológica, cultural, ecológica.
Cambio Relacional: El Papa León insta a abandonar la violencia interna, promoviendo la reconciliación basada en la justicia y la fraternidad. El enfoque de la construcción de una paz justa, se centra en la prevención de la violencia y la justicia restaurativa y la creación de culturas de paz sostenible.
Cambio Cultural: Mirar más allá de los lazos de sangre o la etnia, o de quienes solo aceptan a sus similares y rechazan a quienes son diferentes. Con conexión y respeto: el mensaje nos invita a ver al otro no como un adversario, sino como un hermano.
Cambio estructural: el Papa León nos insta a promover el desarrollo mediante políticas y prácticas que mejoren las condiciones necesarias para una paz duradera y sin armas.
El mensaje nos recuerda que los discípulos de Jesús están «invitados a construir el Reino de Dios y a trabajar para construir un futuro colectivo humano en paz entre nosotros y con la Naturaleza, que sufre bajo un sistema destructivo y contaminante.
La “paz de Cristo desarmada y desarmante” es la no violencia en esencia. No basta con desear la paz, ello implica una “transformación duradera” en la que quienes la reciben se transforman y, en consecuencia, el contexto en el que se desarrollan las relaciones es transformado. Seamos constructores la paz desde un enfoque no violento, siguiendo a Jesús No violento. Jesús promovió la aceptación del sufrimiento en lugar de responder a la violencia con violencia. Anima a un enfoque pacífico incluso ante la agresión. Los activistas no violentos a menudo demuestran una inmensa valentía y resiliencia ante la adversidad.
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