P. Luis Alberto De León Alcántara Email: albertodeleon_011@hotmail.com

Todos conocemos el plástico. Su finalidad es utilizarse y tirarse. En la actualidad, esto está pasando con el amor. Pues, son muchos los que usan y tiran a las personas como si fueran basuras arrojadas al zafacón, dejándoles cicatrices y sentimientos amargos en su interior. Es decir, muchos juegan con los sentimientos de los demás y dejan el amor sin contenido, sin color y sin sabor. Quizás porque han optado por el placer momentáneo, ese que no compromete y que aparentemente no “hace daño”, porque no hay compromiso con la otra persona, solo encuentros casuales.
Pero lo mismo está sucediendo con los amigos. Hoy es fácil encontrar “características” novedosas sobre la amistad. Por ejemplo, amigos con derecho, de ocasión, para pasar el rato, de tragos, de consuelo sexual. En fin, la amistad, en muchos casos, se ha vuelto un negocio, una válvula de escape, una forma de utilizar al otro mientras se deje y mientras sea útil. Esto es fruto del relativismo, de un estilo de vida basado en la idea de que “todo se puede”, “todo se vale”, “eres libre para hacer todo lo que quieras”, “no le hagas caso a nadie, sé tú mismo. Total, la vida es tuya”.
El amor se ha vuelto plástico sin serlo. Muchos se acostumbraron a llamarle amor a cualquier sentimiento barato, a esas emociones fugaces y pasajeras que surgen de repente en el corazón humano. El gozo y una sensación sin responsabilidad, fueron la excusa para dejar que el instinto tomara el control de la afectividad, sin sentir sentimientos de culpas ni de pecado. Es mejor sentirse “libre” y dueño de los propios actos realizados, pues así ya no existirán las fronteras entre el bien y el mal. Ahora solo reinaría el placer por el placer, sin rendirle cuentas a nadie.
Sin embargo, el amor no puede ser una fecha, un calendario, una prueba de placer, un entregarse de buena a primera ni la amistad un pasarrato, mucho menos “un estar contigo aunque no esté de acuerdo con eso que estás haciendo”. Porque en el fondo, ninguno de los dos, ni el amor ni la amistad pueden ser el capricho de dos personas o de varias, que como no le gusta lo que Dios dejó establecido, se inventan una nueva forma de ver las cosas para acomodarlas a los intereses de cada quien, sin ningún juicio de nada.
En palabra del filósofo francés, Gabriel Marcel, el amor es decirle al otro, “Tú no morirás”. Es reconocer que los demás no son cosas ni objetos, sino personas valiosas y dignas de ser amadas. Que el otro no es un objeto sexual disponible las 24 horas del día. Y sobre la amistad, Aristóteles decía, que “es un alma que habita en dos cuerpos; un corazón que habita en dos almas”. Pues, los amigos no son seres que solo llenan espacios en blanco, sino la segunda familia que nunca tuvimos. El amor no es un individualismo compartido, es una felicidad que nos llena la vida, sin necesidad de buscar otras cosas.
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