El Santo de hoy
Cada 11 de agosto, la Iglesia celebra la memoria de Santa Clara de Asís, virgen y fundadora de las Hermanas Pobres, conocidas como las clarisas. Su figura está profundamente vinculada a San Francisco de Asís, pero Clara no fue simplemente una seguidora de Francisco. Fue una mujer con una personalidad, una espiritualidad y una misión propias, capaz de abrir un camino nuevo para muchas mujeres dentro de la Iglesia.
Más de ocho siglos después de su nacimiento, su testimonio continúa interpelándonos. En una sociedad donde muchas veces se mide el valor de una persona por lo que posee, por la imagen que proyecta o por la cantidad de reconocimiento que recibe, Santa Clara recuerda que la verdadera riqueza del ser humano no está en tener más, sino en amar más y vivir para Dios.
Una joven que decidió buscar algo más
Clara nació en Asís alrededor de 1193-1194, en el seno de una familia noble. Su posición social le ofrecía un futuro cómodo y seguro. Sin embargo, desde muy joven manifestó una profunda inclinación hacia la oración, la penitencia y la caridad.
Su encuentro con el testimonio de Francisco de Asís fue determinante. Francisco había renunciado a las riquezas y comodidades para vivir radicalmente el Evangelio. Clara quedó profundamente impresionada por aquella manera de entender la vida cristiana.
En 1212, siendo todavía muy joven, abandonó la seguridad de su hogar para consagrarse completamente a Cristo. Francisco la acompañó en los primeros pasos de su vocación y posteriormente Clara se estableció en San Damián, donde comenzó a reunirse con otras mujeres que deseaban compartir su misma forma de vida.
Así nacieron las llamadas Hermanas Pobres, conocidas posteriormente como clarisas.
Pero detrás de aquella decisión había algo mucho más profundo: Clara había descubierto que Dios podía llenar su corazón de una manera que ninguna riqueza, posición social o proyecto humano podía hacerlo.
La pobreza como libertad
Uno de los aspectos centrales de la espiritualidad de Santa Clara es la pobreza evangélica.
Para ella, ser pobre no significaba simplemente carecer de bienes materiales. La pobreza era, ante todo, una manera de poner toda la confianza en Dios y de liberarse de aquello que pudiera ocupar el lugar que corresponde solamente a Él. Este mensaje resulta especialmente actual.
Vivimos en una época en la que constantemente se nos invita a comprar, acumular, aparentar y competir. Las redes sociales pueden llevarnos a construir una imagen de nosotros mismos basada en aquello que tenemos, mostramos o conseguimos.
Santa Clara nos plantea una pregunta muy incómoda, pero necesaria: ¿Cuánto de lo que poseemos termina poseyéndonos a nosotros?
Su vida nos enseña que la libertad no consiste en tener todo lo que deseamos, sino en aprender a no depender de las cosas para encontrar nuestra felicidad.
En 2024, el cardenal Pietro Parolin destacó precisamente la actualidad del testimonio de Santa Clara frente a una sociedad marcada por el consumismo, el hedonismo y la búsqueda desenfrenada de satisfacciones.
Una mujer de profunda oración
Otro elemento fundamental de la espiritualidad de Santa Clara es la contemplación.
Su vida estuvo marcada por la oración y por una relación profunda con Jesucristo. En medio de la vida comunitaria, del trabajo, de las dificultades y de las enfermedades, Clara aprendió a colocar a Cristo en el centro de todo.
No se trata de una espiritualidad desconectada de la realidad. Precisamente porque contemplaba a Cristo, Clara podía mirar de otra manera a sus hermanas, a los pobres y a las necesidades de quienes la rodeaban.
Su vida recuerda que una sociedad que pierde el silencio corre el riesgo de perder también la capacidad de escuchar.
Vivimos rodeados de sonidos, notificaciones, mensajes, videos y opiniones. Tenemos muchas formas de comunicarnos, pero no siempre sabemos escuchar.
Santa Clara nos invita a recuperar espacios de silencio para escuchar la voz de Dios y descubrir qué quiere Él de nuestra vida.
Contemplar a Cristo para transformar la vida
La espiritualidad de Clara puede resumirse en una palabra: Cristo.
Ella no buscó protagonismo. No quiso construir una imagen personal. No buscó riquezas ni poder. Quiso identificarse con Jesús y hacer de su vida una respuesta al amor recibido.
Esta perspectiva resulta especialmente importante para los cristianos de nuestro tiempo.
La fe no puede reducirse a costumbres religiosas, tradiciones familiares o celebraciones ocasionales. Ser cristiano significa permitir que Cristo transforme nuestra manera de pensar, de hablar, de relacionarnos y de vivir.
Santa Clara nos enseña que la santidad comienza cuando Cristo deja de ser simplemente una parte de nuestra vida y se convierte en el centro de ella.
La fuerza de una mujer que supo perseverar
Santa Clara también fue una mujer de gran fortaleza. Su camino no estuvo libre de dificultades. Tuvo que afrontar incomprensiones, enfermedades y desafíos relacionados con la consolidación de su comunidad religiosa. Sin embargo, perseveró.
Uno de los aspectos significativos de su legado fue su lucha por conservar la posibilidad de vivir en pobreza según el carisma que había recibido. Finalmente, Clara consiguió la aprobación pontificia de una Regla propia, convirtiéndose en la primera mujer conocida por haber escrito una regla de vida religiosa para mujeres aprobada por la Iglesia.
Esto revela una dimensión importante de su personalidad: Clara fue una mujer contemplativa, pero también decidida; humilde, pero firme; pobre, pero espiritualmente libre.
Su santidad no consistió en ser débil ante las circunstancias, sino en aprender a permanecer fiel a Dios en medio de ellas.
¿Qué puede enseñarnos Santa Clara hoy?
La celebración de Santa Clara no debería quedarse solamente en recordar a una santa del siglo XIII. Su vida puede convertirse en una oportunidad para revisar nuestra propia existencia.
- Aprender a vivir con menos.
No todo lo que podemos comprar lo necesitamos. No todo lo que deseamos nos hace felices. Santa Clara nos recuerda el valor de una vida sencilla.
- Recuperar el silencio.
Necesitamos momentos sin pantallas, sin ruido y sin interrupciones para encontrarnos con Dios y también con nosotros mismos.
- Poner a Cristo en el centro.
La vida cristiana no puede depender únicamente de emociones o tradiciones. Necesitamos una relación personal con Jesús alimentada por la oración, la Palabra de Dios y los sacramentos.
4.- Descubrir la verdadera libertad.
Somos verdaderamente libres cuando no somos esclavos del dinero, de la apariencia, del reconocimiento de los demás o de las tendencias pasajeras.
5.- Perseverancia.
Santa Clara nos recuerda que una decisión buena no siempre produce resultados inmediatos. Hay que permanecer fieles, incluso cuando aparecen dificultades.
6.- Utilizar los medios de comunicación para el bien.
Hay una particularidad interesante en Santa Clara: la Iglesia la reconoce también como patrona de la televisión. La tradición relaciona este patronazgo con un episodio de su vida en el que, estando enferma y sin poder acudir a la celebración litúrgica, habría podido contemplar de manera extraordinaria lo que ocurría en la iglesia.
Para nosotros, que vivimos en plena era digital, esta dimensión resulta especialmente sugerente.
La tecnología puede utilizarse para entretener, manipular o generar superficialidad, pero también puede convertirse en instrumento para evangelizar, educar, informar y transmitir esperanza.
En este sentido, el testimonio de Santa Clara puede inspirar también a quienes trabajan en los medios de comunicación católicos: usar las nuevas tecnologías para hacer visible aquello que conduce a la verdad, al bien y a Dios.
Una luz para nuestro tiempo
Santa Clara murió el 11 de agosto de 1253, después de una vida entregada a Cristo. Su legado, sin embargo, no murió con ella.
Las comunidades de clarisas extendidas por diferentes lugares del mundo mantienen vivo aquel camino de oración, pobreza, fraternidad y contemplación.
Pero su mensaje no pertenece únicamente a quienes viven en un monasterio.
También puede iluminar a una familia, a un joven, a un sacerdote, a una religiosa, a un comunicador, a un profesional o a cualquier persona que quiera vivir su fe con mayor autenticidad.
En una sociedad que nos dice constantemente “ten más”, Clara nos recuerda: “sé libre”.
En un mundo que nos invita a “mostrarte más”, ella nos enseña a “buscar a Dios en lo profundo”.
En una cultura que muchas veces privilegia el ruido, ella nos invita al silencio.
En una sociedad preocupada por la apariencia, ella nos devuelve a lo esencial: la verdad del corazón.
Y frente a tantas voces que prometen felicidad en el dinero, el éxito o el reconocimiento, Santa Clara vuelve a señalar hacia Cristo.
Una pregunta para nosotros
Celebrar a Santa Clara de Asís este 11 de agosto puede ser una ocasión para hacernos una pregunta sencilla:
¿Qué cosas necesito soltar para ser verdaderamente libre y acercarme más a Dios?
Quizás sea una preocupación, una ambición desordenada, una dependencia de las redes sociales, una necesidad constante de aprobación, un resentimiento o simplemente un estilo de vida demasiado lleno de cosas y demasiado vacío de silencio.
Santa Clara nos recuerda que la santidad no consiste en hacer cosas extraordinarias para ser admirados, sino en amar a Dios con todo el corazón y permitir que ese amor transforme nuestra existencia.
Su vida comenzó en la nobleza de Asís, pero encontró su verdadera grandeza en la humildad de San Damián.
Allí, en el silencio de una pequeña comunidad, una joven decidió que Cristo era suficiente y ocho siglos después, aquella decisión todavía tiene algo que decirnos.
Santa Clara de Asís, mujer de oración, pobreza, fortaleza y esperanza, ayúdanos a descubrir lo esencial, a vivir con un corazón libre y a poner a Cristo en el centro de nuestra vida. Amén.
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