Por P. Wilkin Castillo, San Juan de la Maguana

Estamos en el tercer domingo de pascua, tiempo de alegría y luz espiritual, las lecturas todas nos ayudan a mantener viva la experiencia de fe en el Resucitado, específicamente este elemento está muy presente en el Evangelio que la Iglesia nos propone hoy.
Al presentarnos a dos discípulos dirigirse a una aldea llamada Emaús, distante unas dos leguas de Jerusalén; iban comentando todo lo que había sucedido. “Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos. Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo”. Hay veces en la vida que nos pasa como a estos dos discípulos, nuestros ojos se incapacitan para verlo, ya que estamos muy pendiente de cosas del entorno y dejamos pasar otras de mayor importancia.
Él les dijo: “¿Qué conversación es esa que traen mientras van de camino?” Ellos se detuvieron preocupados. Al parecer la preocupación en la vida no ha sido la mejor aliada, pues por estar tan preocupados como ya he expresado más arriba no descubrieron que era Jesús en persona quien le estaba hablando. Uno de ellos llamado Cleofás, le replicó: “¿Eres tú el único forastero en Jerusalén, que no sabes lo que ha pasado allí estos días?” Él les preguntó: “¿Qué?” Ellos le contestaron: “Lo de Jesús, el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo; cómo lo entregaron los sumos sacerdotes y nuestros jefes para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que él fuera el futuro liberador de Israel. Y ya ves: hace dos días que sucedió esto”.
Por la conversación de estos dos discípulos nos damos cuentas que aparentemente sus esperanzas quedaron sepultadas en el momento en que sepultaron a Jesús, pues, pronto olvidaron las enseñanzas del Maestro de que él resucitaría. “Es verdad que algunas mujeres de nuestro grupo nos han sobresaltado: pues fueron muy de mañana al sepulcro, no encontraron su cuerpo, e incluso vinieron diciendo que habían visto una aparición de ángeles, que les habían dicho que estaba vivo. Algunos de los nuestros fueron también al sepulcro y lo encontraron como habían dicho las mujeres; pero a él no lo vieron”. Estos dos discípulos son muy parecidos en su actitud a Santo Tomás, pues, indirectamente están diciendo que era necesario verlo a él para creer. Es por ello por lo que Jesús les dijo: “¡Qué necios y torpes son para creer lo que anunciaron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto para entrar en su gloria?” Y, comenzando por Moisés y siguiendo por los profetas, les explicó lo que se refería a él en toda la Escritura.
Ante su incredulidad y terquedad empezó Jesús a hablarles de las verdades evangélicas y de las promesas que él mismo les había anunciado. Ya cerca de la aldea donde iban, él hizo ademán de seguir adelante; pero ellos le apremiaron, diciendo: “Quédate con nosotros, porque atardece y el día va de caída”. Y entró para quedarse con ellos. Sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio. A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero él desapareció.
Hay un elemento teológico aquí importante y es en el momento en donde Jesús bendice y parte el pan, se les abrieron los ojos y lo reconocieron, así sucede con nosotros al participar de la Eucaristía nos da la sabiduría del espíritu para reconocerlo y anunciarlo. Ellos comentaron: “¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?”
Nadie que se encuentra con Jesús sigue igual, pues, en su vida experimenta un cambio, por eso le ardía el corazón Y, levantándose al momento, se volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, que estaban diciendo: “Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón”.
Otros temas del padre Wilkin
Misa Vespertina de la Cena del Señor
V Domingo del Tiempo de Cuaresma. Ciclo A
- “CAMINO A EMAÚS”
- CUARESMA TERMINADA, PASCUA CELEBRADA
- La Divina Misericordia
- Fiesta de la Divina Misericordia
- “CREER SIN VER”

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