CRÓNICA DE FE:

La suma de la santidad consiste en amar a Jesucristo. Hay quienes la cifran en llevar una vida austera o dedicada a la oración. Otros en frecuentar los sacramentos o repartir limosnas. Pero todos se engañan, pues el grado mayor del seguimiento consiste en ese amor que, según San Pablo, es el vínculo de toda perfección (Col. 3,14). El amor traba y da consistencia a todas las virtudes, por lo cual decía San Agustín: ama y haz lo que quieras. Porque cuando uno está enamorado se esfuerza por evitar cuanto no agrada al otro.
¿No merece Dios que le entregues toda tu capacidad de amar, siendo que de Él partió la iniciativa de amarte a ti primero? Te creó a imagen y semejanza suya; te regaló un cuerpo dotado de sentidos, y pobló el mundo de maravillas y de seres vivos que te despertarán la gratitud por tantos beneficios. Se cuenta de un hombre de Dios que, paseando solo por el campo, tenía la impresión de que las plantas y las flores que a su paso hallaba le reprochaban su ingratitud para con Dios, y acariciándolas con su bastón, les respondía: callad, que ya os entiendo; me estáis diciendo que sois para mí un don de Dios al que no correspondo.
Mas no se contentó el Señor con regalarnos la vida y el servicio de las criaturas, sino que Él mismo se nos dio por entero: De tal modo amó Dios al mundo, que le entregó a su propio Hijo (Jn. 3, 16). Así lo hizo para devolvernos la gracia de la vida que habíamos perdido: Dios, que es misericordia, movido de su exceso de amor, nos dio su vida en Cristo (Ef. 2, 4-5). También tenía razón San Pablo al exclamar: nos urge la caridad de Cristo, pues saber que Jesús nos amó hasta la muerte supone que nos sintamos casi obligados a quererle, abrazados para siempre a su cruz.
Al momento de su inmolación llamó el Redentor «su hora», como si estuviera siempre deseando ofrecer el testimonio de la suprema generosidad. Enamorados de Jesús, algunos santos le decían que se había vuelto loco, pero otros aclaraban que no era locura, sino el efecto natural que hace al amante salir de sí para darse totalmente al amado. Ahora bien, la fuente del amor de Cristo para contigo es su inefable caridad para con Dios: para que sepa el mundo cuánto yo amo al Padre, levantaos y vamos de aquí… ¿A dónde? A ser en la cruz el don que Dios te hace.
AMOR sin medida,
Te abrazaré y jamás me soltaré. Viviré y moriré fundido a ti, y ni la vida ni la muerte me arrancarán de ti. La fuerza de tu cruz quebranta mi dureza, pues por mí también hiciste lo que hiciste por la salud de todos.
Me pregunto quién fue tan poderoso que te movió a morir ajusticiado, y no encontró más causa que el amor. Por eso yo te elijo como mi único dueño.
Práctica del amor a Jesucristo, capitulo 1.
Otros temas del mismo autor:
El matrimonio en la República Dominicana: una llamada a renovar la pastoral familiar
María, Aurora de la Justicia y Estrella de la Paz
Reflexión sobre la violencia en la República Dominicana
La Palabra cada día
💬 Sé el primero en comentar