Nos cambiaron el panorama, ya nada es igual. En un abrir y cerrar de ojos, ya miramos la vida a distancia y con temor. Ahora estamos en cuarentena, en estado de emergencia y con varios toques de queda, observando cómo un ministro de salud ofrece datos de la realidad de una pandemia que, en vez de anunciar buenas noticias, genera pánico, tristeza y confusión. Todo parece una tragedia en la que estamos en la lista de espera para saber el momento en que a un familiar, un amigo o conocido nuestro le comunicarán que está contagiado, enfermo o muerto a causa del Coronavirus.
Lo que sucede en la actualidad no es una película, tampoco una telenovela de los años 80 y 90, ni mucho menos una serie de Netflix para entretenernos un rato con palomitas de maíz. No, eso no es lo que acontece. Es más complejo. Es una situación que tiene al mundo entero en alerta roja, en cuestionamiento total de la condición real del sistema de salud de la humanidad. Pues, cuando creíamos que lo habíamos visto todo, apareció este virus para recordarnos una vez más nuestros límites y hacernos conscientes de que, pese a los desarrollos tecnológicos y científicos alcanzados, todavía como especie humana debemos continuar mejorando…
Fue entonces que, de pronto, volvimos a ser como niños, a darnos cuenta de que hay miles de cosas que aún no retenemos en las manos, como es el caso de la salud humana. Nos tocó la suerte o la mala suerte, depende de la actitud de cada persona, de estar metidos en una crisis mundial donde la gente pierde su empleo, los gobiernos toman decisiones drásticas para cuidar a las personas y donde, además, el ser humano reconoce el valor de confiar en Dios y la importancia de sacar siempre tiempo para pensar en las prioridades…
Este virus nos ha puesto a mirar la vida y sus afanes por las ventanas, a contemplar el mundo por rejillas. Ha hecho que tengamos la obligación de hacer una parada y reordenar todo nuestro mundo interior y exterior. A lo mejor no estábamos preparados, no nos sentíamos con la suficiente capacidad de hacerle frente a una situación como esta, ni muchos contábamos con la preparación psicológica, emocional y económica para ello, pero aquí estamos tratando de hacerle frente al Coronavirus mientras llega la vacuna.
Extrañamos el horizonte en su plenitud, lo sé. Deseamos reírnos, abrazarnos y compartir con las personas que amamos. Pero no es el momento para añoranzas ni melancolías, sino de aprender a vivir con los pies descalzos y con la mente firme. Porque mucha gente sigue muriendo, pasando necesidades y perdiendo su norte. Por eso, cada día más tenemos que humanizarnos, reorganizarnos y tratar, dentro de lo posible, de crear una conciencia que aporte pequeños rayos de esperanza y de optimismo; porque en los tiempos difíciles es donde debemos ser más fuertes, no solo por nuestro bien, sino por las futuras generaciones que luego, más tarde, sabrán lo que hicimos ante esta pandemia.
Ponte en contacto con el atuor: albertodeleon_011@hotmail.com
Otros temas del mismo autor:
PATERNIDAD: LA SOCIEDAD RECLAMA TU PRESENCIA
La Palabra cada día
Lecturas Moniciones Homilías
AIRE96FM: “La voz que informa, inspira y transforma”.

💬 Sé el primero en comentar