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EL SANTO DEL DÍA, Liturgia

San Bartolomé, un corazón sin engaño: vivir el bautismo en la Iglesia peregrina en la República Dominicana

Por Domingo Vásquez · 23 de agosto de 2026

Por Aire96FM

Cada 24 de agosto, la Iglesia celebra la fiesta de San Bartolomé, apóstol, uno de los Doce elegidos por Jesucristo. Su figura aparece de manera discreta en los Evangelios, pero detrás de ese nombre se encuentra un hombre cuya experiencia de encuentro con Cristo contiene un mensaje profundamente actual para todo cristiano: la fe recibida en el Bautismo está llamada a convertirse en una vida de encuentro, conversión, testimonio y misión.

La tradición de la Iglesia identifica a Bartolomé con Natanael, personaje que aparece especialmente en el Evangelio de san Juan. Aunque esta identificación pertenece a la tradición cristiana y no está formulada explícitamente por el Evangelio, existe una antigua relación entre ambos nombres. El papa Benedicto XVI explicó que Bartolomé es un patronímico que significa “hijo de Talmay”, mientras que Natanael significa “Dios ha dado”.

La vida de este apóstol puede ayudarnos a preguntarnos, en medio de nuestra realidad dominicana: ¿qué significa vivir hoy como bautizados? ¿Estamos permitiendo que el encuentro con Cristo transforme nuestra manera de pensar, hablar, servir y relacionarnos con los demás?

“¿De Nazaret puede salir algo bueno?”

La primera escena en la que encontramos a Natanael resulta profundamente humana.

Felipe, después de encontrarse con Jesús, busca a Natanael y le anuncia que ha encontrado al Mesías anunciado por la Ley y los Profetas: Jesús de Nazaret. La respuesta de Natanael revela cierto prejuicio: “¿De Nazaret puede salir algo bueno?” (Jn 1,46).

Pero Felipe no entra en una discusión. Le responde sencillamente: “Ven y lo verás”.

Aquí comienza una de las grandes enseñanzas para nuestro compromiso bautismal. La fe cristiana no consiste solamente en conocer conceptos religiosos, repetir oraciones o conservar determinadas costumbres. El cristianismo nace del encuentro con una Persona: Jesucristo.

Benedicto XVI destacaba precisamente que la experiencia de Natanael nos recuerda que no basta con recibir el testimonio de otros: cada creyente está llamado a establecer una relación personal y profunda con Jesús.

Esto tiene una enorme importancia para la Iglesia que peregrina en la República Dominicana.

Tenemos una rica tradición católica. Nuestras comunidades están marcadas por celebraciones patronales, procesiones, fiestas religiosas, peregrinaciones, sacramentos y diversas expresiones de piedad popular. Todo esto constituye una riqueza que debemos valorar y cuidar.

Pero la pregunta fundamental permanece: ¿estas expresiones nos están llevando a un encuentro cada vez más profundo con Jesucristo?

El Bautismo no es simplemente un acontecimiento del pasado. Es el comienzo de una vida nueva en Cristo.

Un bautizado llamado a dejarse transformar

Cuando Jesús ve acercarse a Natanael, pronuncia unas palabras sorprendentes:

“Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño” (Jn 1,47).

Jesús reconoce en él una característica fundamental: la autenticidad.

Natanael no aparece como un hombre perfecto. Tenía prejuicios. Dudó. Incluso formuló una pregunta que podía parecer despectiva respecto a Nazaret. Sin embargo, tuvo la humildad de acercarse a Jesús y dejarse sorprender por Él.

Aquí encontramos otra enseñanza para nuestro Bautismo.

Ser cristiano no significa presentarnos ante Dios como personas perfectas. Significa permitir que Cristo nos transforme.

Nuestro compromiso bautismal implica revisar continuamente nuestra vida y preguntarnos si existe coherencia entre lo que creemos y lo que hacemos.

Un bautizado no puede vivir permanentemente dividido entre la fe que profesa en el templo y la conducta que mantiene fuera de él.

No podemos proclamar que creemos en el Evangelio y, al mismo tiempo, alimentar el odio, la violencia, la corrupción, la mentira, la indiferencia ante el necesitado o la división dentro de nuestras propias familias y comunidades.

San Bartolomé nos presenta la imagen de un discípulo que puede llegar ante Jesús con sus preguntas, sus limitaciones y sus prejuicios, pero que permite que el Señor toque su corazón.

“Tú eres el Hijo de Dios”

El encuentro con Jesús produce una transformación.

Después de escuchar al Señor, Natanael realiza una profesión de fe extraordinaria:

“Rabí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel” (Jn 1,49).

Ya no estamos ante el hombre que pregunta qué puede salir de Nazaret. Ahora estamos ante un discípulo que reconoce la identidad de Jesús.

Ese cambio constituye el corazón de toda auténtica experiencia cristiana.

También nosotros, desde nuestro Bautismo, estamos llamados a pasar de una fe heredada a una fe asumida personalmente.

Muchos dominicanos hemos recibido la fe desde nuestra familia. Aprendimos a rezar con nuestros padres y abuelos. Fuimos llevados al templo desde pequeños. Recibimos el Bautismo y posteriormente otros sacramentos.

Pero llega un momento en que cada persona debe responder personalmente a la pregunta fundamental: ¿quién es Jesucristo para mí?

El Bautismo nos incorpora a Cristo y a su Iglesia, pero esa vida bautismal necesita crecer mediante la escucha de la Palabra, la participación en la Eucaristía, la oración, la reconciliación, la caridad y el servicio.

La Iglesia enseña que los Apóstoles recibieron de Cristo el mandato de anunciar el Evangelio y que esta transmisión apostólica continúa en la vida de la Iglesia.

Por eso, la Iglesia peregrina en República Dominicana no puede conformarse con conservar una identidad religiosa. Está llamada a evangelizar, formar discípulos y ser testigo de Cristo en medio de la sociedad.

De discípulo a misionero

Después de Pentecostés, la tradición cristiana presenta a Bartolomé entre los apóstoles que llevaron el Evangelio a otras tierras. Los datos históricos sobre su actividad posterior son escasos. Una antigua referencia recogida por Eusebio relaciona su presencia con la India, aunque no disponemos de información precisa sobre todos los detalles de su misión.

Precisamente esa ausencia de abundantes datos puede ofrecernos una enseñanza.

No todos los discípulos están llamados a realizar grandes obras visibles. Algunos evangelizan desde el púlpito; otros desde las misiones; otros desde la catequesis. Hay quienes anuncian a Cristo mediante la vida familiar, el trabajo honrado, el servicio comunitario, la educación, la comunicación, la atención a los enfermos, el acompañamiento de los jóvenes o la ayuda a los pobres.

La santidad no siempre hace ruido.

San Bartolomé nos recuerda que la fidelidad cotidiana también es apostolado.

En República Dominicana necesitamos bautizados capaces de llevar el Evangelio a los lugares donde se construye diariamente la sociedad: la familia, las escuelas, universidades, barrios, oficinas, campos, empresas, medios de comunicación, redes sociales y espacios de participación ciudadana.

Una Iglesia que peregrina y sirve

Hablar de la “Iglesia peregrina” significa reconocer que todavía caminamos hacia la plenitud del Reino de Dios.

Somos una Iglesia en camino.

Por eso, nuestra vida cristiana nunca puede instalarse definitivamente. Siempre necesitamos conversión, formación, renovación y misión.

San Bartolomé puede inspirarnos a recuperar tres dimensiones fundamentales de nuestro Bautismo.

Primero: vivir el encuentro con Cristo.
No podemos anunciar a quien no conocemos. El bautizado necesita cultivar una relación viva con Jesús mediante la oración, la Palabra de Dios y los sacramentos.

Segundo: vivir con autenticidad.
Jesús llamó a Natanael “un israelita de verdad, en quien no hay engaño”. Nuestro testimonio cristiano necesita coherencia. La sociedad necesita ver cristianos que no solamente hablan de valores, sino que los viven.

Tercero: vivir en misión.
El discípulo no guarda el Evangelio exclusivamente para sí. La experiencia de Cristo genera deseo de compartir, servir y anunciar.

Una llamada para nuestras parroquias

La memoria de San Bartolomé puede convertirse también en una oportunidad pastoral para nuestras comunidades parroquiales.

Necesitamos preguntarnos si nuestras parroquias están ayudando a los bautizados a crecer como discípulos misioneros.

No basta con preparar para recibir los sacramentos. Es necesario acompañar después del sacramento.

No basta con llenar nuestros templos durante determinadas celebraciones. Necesitamos comunidades capaces de salir al encuentro de quienes se han alejado.

No basta con transmitir contenidos religiosos. Hay que propiciar verdaderas experiencias de encuentro con Jesucristo.

La invitación de Felipe a Natanael continúa siendo válida: “Ven y lo verás”.

Una parroquia evangelizadora debería poder decirle hoy a cada persona que busca sentido, esperanza y respuestas: ven, camina con nosotros, conoce a Cristo, escucha su Palabra, participa en la comunidad y descubre que Dios sigue actuando.

Bautizados para ser testigos

La fiesta de San Bartolomé nos recuerda que el Bautismo no nos convierte en espectadores de la vida de la Iglesia.

Nos hace miembros de un pueblo.

Nos incorpora a Cristo.

Nos llama a la santidad.

Y nos envía a la misión.

El apóstol Bartolomé, identificado tradicionalmente con Natanael, comenzó su camino con una duda: “¿De Nazaret puede salir algo bueno?”. Terminó proclamando: “Tú eres el Hijo de Dios”.

Entre ambas afirmaciones encontramos el camino de la fe: pasar de la duda al encuentro, del encuentro al reconocimiento de Cristo y del reconocimiento al testimonio.

Ese también es nuestro camino bautismal.

En una República Dominicana que enfrenta desafíos sociales, familiares, económicos, culturales y espirituales, la Iglesia necesita hombres y mujeres bautizados que sepan responder desde el Evangelio. Cristianos capaces de vivir su fe con alegría, pero también con responsabilidad; con oración, pero también con compromiso; con devoción, pero también con servicio.

San Bartolomé nos enseña que Dios puede hacer grandes cosas a través de personas aparentemente discretas.

Y quizá ese sea uno de los mensajes más necesarios para nuestro tiempo: no tenemos que esperar circunstancias extraordinarias para vivir nuestra vocación bautismal. El lugar donde estamos puede convertirse en el lugar desde donde anunciemos a Cristo.

Que San Bartolomé, apóstol y testigo de Jesucristo, interceda por la Iglesia que peregrina en la República Dominicana.

Que ayude a nuestras familias a conservar la fe.

Que anime a nuestros jóvenes a descubrir su vocación.

Que fortalezca a nuestros sacerdotes, religiosos y agentes pastorales.

Y que nos enseñe a todos a vivir nuestro Bautismo con un corazón sincero, sin engaño y dispuesto a escuchar nuevamente la invitación de Cristo:

“Ven y lo verás”. Porque la misión de la Iglesia comienza siempre allí donde un bautizado se deja encontrar por Cristo y decide caminar con Él.

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