En el rezo del Ángelus, el papa León XIV recordó que, en la Iglesia, todas las personas están «llamadas a reconocerse como “uno” en Jesucristo: Él es el tesoro escondido, la perla preciosa, la red que recoge al que está disperso».
Johan Pacheco – Ciudad del Vaticano

«En el centro de la enseñanza de Jesús se encuentra el misterio del Reino de Dios, que el Evangelio de hoy compara con una perla y un tesoro (cf. Mt 13, 44-52)», afirmó el papa León XIV durante la reflexión previa al rezo del Ángelus, pronunciada este domingo 26 de julio desde la Plaza de la Libertad, en Castel Gandolfo.
El Santo Padre meditó sobre el Evangelio del XVII Domingo del Tiempo Ordinario y explicó que «las parábolas dan a entender la sorpresa de quien encuentra lo que ni siquiera podía esperar, hasta el punto de que vender o dejarlo todo ya no parece una renuncia, sino una ganancia».
El Pontífice aseguró que «desde las primeras páginas, los evangelistas describen el llamado de Jesús a seguirlo como algo irresistible: libre, sin duda, pero urgente y capaz de suscitar una respuesta inmediata, movida por el deseo».
El encuentro con el Reino de Dios
El Papa definió este encuentro como «un primer aspecto importante de la forma en que Dios está cerca y se deja encontrar: el encuentro con su Reino es un punto de inflexión que no limita, sino que amplía la vida. Si algo debe cambiar ahora, es para tener más posibilidades, no menos».
Asimismo, destacó «un segundo aspecto al que Jesús parece darle mucha importancia: quien encuentra el tesoro escondido en el campo es probablemente un campesino; la perla, en cambio, es reconocida por su gran valor por un comerciante, tal vez un viajero».
El Reino de Dios, un llamado para todos
Del mismo modo, hizo referencia a otras parábolas «en las que el Reino se deja vislumbrar en una mujer que amasa la harina, en otra que ordena la casa, en un rey que planea la guerra, en un hombre que diseña una torre, en administradores que gestionan pagos o inversiones, en pastores y agricultores».
El Papa resumió esta enseñanza afirmando que «el Reino de Dios revela su inestimable belleza de diversas maneras, pero llama a todos —hombres y mujeres, jóvenes y adultos mayores, pobres y ricos— a una profunda renovación. Todos pueden comprenderlo y se sienten atraídos por él».
Además, recordó que «incluso hoy, la Iglesia es una comunión de personas diferentes en cuanto a origen, cultura, habilidades y nivel de responsabilidad, pero todas llamadas a reconocerse como “uno” en Jesucristo: Él es el tesoro escondido, la perla preciosa, la red que recoge al que está disperso».
Dios no hace distinción de personas
«Desde el principio, Jesús llamó y reunió a su alrededor a personas que, de otro modo, nunca se habrían conocido. Así demostró que Dios no hace distinción de personas y que su elección manifiesta una predilección especial por los pequeños y los descartados», expresó el Pontífice.
Finalmente, invitó a pedir «el don de identificar la perla de gran valor y de saber reconocer el tesoro por el que vale la pena venderlo todo».
La industria del consumo envenena el corazón
El Santo Padre advirtió que «mientras la industria del consumo nos altera el gusto, creando siempre nuevas necesidades para luego vendernos respuestas que no sacian y, a veces, envenenan el corazón, debemos aprender a captar lo que realmente importa: el tesoro de la relación con Dios, que nos abre a la alegría y nos ayuda a vivir mejor nuestras relaciones con los demás».
«Que la intercesión de María, Sede de la Sabiduría, oriente nuestro deseo de vida hacia Jesús, para que en Él alcance su plena realización», concluyó León XIV.
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